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<title>Departamento de Salud</title>
<link>https://hdl.handle.net/20.500.12412/7404</link>
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<pubDate>Thu, 24 Sep 2026 10:40:19 GMT</pubDate>
<dc:date>2026-09-24T10:40:19Z</dc:date>
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<title>Humanización de la salud y de sus profesionales</title>
<link>https://hdl.handle.net/20.500.12412/7403</link>
<description>Humanización de la salud y de sus profesionales
Machuca González, Manuel
Puede resultar paradójico que tengamos que hablar de humanización en las profesiones sanitarias. Pocas actividades humanas parecen, en principio, tan humanas, tan vinculadas a la persona como aquellas que tienen por objeto aliviar el sufrimiento, recuperar la salud, acompañar la enfermedad o cuidar cuando ya no es posible curar. Y, sin embargo, hablamos cada vez más de humanización. Quizá la primera pregunta que nos deberíamos hacer debería ser precisamente esa: ¿qué ha ocurrido para que actividades profesionales que nacieron para cuidar a seres humanos necesiten ser humanizadas?&#13;
La medicina contemporánea ha alcanzado una capacidad extraordinaria para conocer el organismo humano. Podemos observar estructuras microscópicas, identificar alteraciones moleculares, secuenciar genomas, modificar respuestas inmunitarias, sustituir funciones de órganos, monitorizar parámetros en tiempo real y actuar sobre mecanismos fisiopatológicos que hace apenas unas décadas desconocíamos. Nada de esto constituye un problema. Antes al contrario, es uno de los grandes logros de nuestra historia.&#13;
El problema aparece cuando confundimos una extraordinaria forma de conocer al ser humano con el conocimiento completo del ser humano. Este es un tema clave y fundamental a comienzos del segundo cuarto del siglo XXI. Para intervenir sobre la enfermedad necesitamos, inevitablemente, transformar parte de la realidad de una persona en información manejable, como síntomas, signos, valores analíticos, imágenes, diagnósticos, factores de riesgo o tratamientos. Necesitamos clasificar, comparar, medir y decidir. Es necesario, sigue siendo imprescindible, pero la persona que tenemos delante nunca cabe completamente en esas categorías. Es más, no es posible categorizarla porque cada ser humano es único e irrepetible.&#13;
Podemos conocer la concentración de hemoglobina de una persona y desconocer qué significa para ella sentirse agotada todos los días. Podemos conocer su fracción de eyección y desconocer el miedo que siente al subir una escalera. Podemos saber su hemoglobina glicosilada y no saber qué supone vivir cada comida como una decisión sanitaria. Podemos diagnosticar una depresión y desconocer qué significa levantarse cada mañana. La biomedicina puede describir extraordinariamente bien lo que sucede en un organismo, pero eso no significa necesariamente comprender lo que sucede en una vida. Y quizá la humanización, o la deshumanización, comienza precisamente al conocer, o minusvalorar, esa distancia.
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<pubDate>Sat, 19 Sep 2026 00:00:00 GMT</pubDate>
<guid isPermaLink="false">https://hdl.handle.net/20.500.12412/7403</guid>
<dc:date>2026-09-19T00:00:00Z</dc:date>
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