| dc.description.abstract | “Diríase que en torno al 1500 la civilización Europea y cristiana estaba
para dar a luz sus mejores frutos, porque en aquella precisa coyuntura venía
a copularse lo medieval con lo moderno, lo teológico con lo humanístico, lo
eclesiástico con lo laico, y de las felices nupcias del Medioevo con la Edad
Nueva, bajo la bendición de la Iglesia se podía augurar el alumbramiento
de un mundo que, conservando la fe religiosa en su integridad, abriera gozosamente los ojos a panoramas científicos, espirituales y culturales inéditos.
[…] El curso de la civilización europea, en progresiva purificación y elevación y sin renegar del Medioevo, se dirigía hacia cimas cada día más altas y
luminosas. Pero las aguas, en vez de correr por el mismo cauce ensanchándolo y profundizándolo, se salieron de madre por efecto de una tempestad,
y, consiguientemente, algunos pueblos y naciones no se mantuvieron fieles a
los principios que habían engendrado Europa. […] Terrible fatalidad y misterio de la Providencia que en el más crítico momento apareciese un hombre
capaz de provocar, sin pretenderlo, el estallido de una revolución que torció
el curso de la civilización europea […] Ese hombre fue Lutero”. | es |