Depresión y adolescencia: un análisis de los factores implicados
ISBN:
978-84-608-4847-9Date:
2016Abstract:
La adolescencia es una etapa de cambios físicos, sociales, hormonales y emocionales. Durante este periodo aumenta la prevalencia de diversos problemas internalizados, entre ellos la depresión (Costello, Mustillo, Erkanli, Keerler y Angold, 2003; Hankin y Abramson, 2001). Varios estudios han hallado que entre los 12 y los 16 años emergen las diferencias de género en depresión, duplicándose la tasa de prevalencia en el caso de las chicas (Costello et al., 2003; Hankin et al., 1998; Twenge y Nolen-Hoeksema, 2002). Diversos autores han planteado marcos teóricos con los que tratan de explicar cómo diversos factores interaccionan para dar lugar a las diferencias de género en depresión. Los autores coinciden en plantear la presencia de factores de vulnerabilidad que, en interacción con estresores propios de la adolescencia, van a dar lugar a la aparición de la sintomatología depresiva. Entre estos factores se encuentran los eventos negativos, la pubertad, la afectividad negativa o la vulnerabilidad emocional y cognitiva (Cyranowski, Frank, Young y Shear, 2000; Hankin y Abramson, 2001; Hyde, Mezulis, y Abramson, 2008; Nolen-Hoeksema y Girgus, 1994). El objetivo del presente estudio fue realizar una revisión teórica de las variables que se encuentran implicadas en las diferencias de género en depresión en población adolescente. Para ello, se ha realizado una revisión de los modelos citados anteriormente y de los trabajados derivados de ellos. Para favorecer la exposición de los resultados, los factores hallados se han agrupado en diversas categorías. Por un lado, los eventos estresantes, entre los que se destacan el inicio de la pubertad y los estresores diarios y crónicos. Por otro lado, las variables disposicionales, entre las que se encuentran la reactividad al estrés, la intensidad emocional y el estilo cognitivo. Por último, están las estrategias de afrontamiento, entre las que aparecen la regulación emocional, la rumiación, la corrumiación y la regulación el afecto positivo. Otra de las variables que se ha encontrado en la revisión teórica es la inteligencia emocional (IE). La IE está formada, entre otros componentes, por la claridad emocional. Los déficits en claridad emocional se han relacionado con la presencia de síntomas depresivos en la adolescencia (para una revisión ver Resurrección, Salguero y Ruiz-Aranda, 2014). Se analizan las diferencias de género en las variables citadas anteriormente y su relación con la aparición de los síntomas depresivos en la adolescencia. En general, el inicio de la pubertad aparece como un factor que contribuye al desarrollo de los síntomas de depresión, tanto en chicos como en chicas. Los estudios señalan que durante la adolescencia, las chicas experimentan un mayor número de estresores de carácter dependiente. Asimismo, las chicas se muestran más vulnerables a los efectos negativos del estrés. Con respecto a las estrategias de regulación, las chicas hacen un mayor uso de la rumiación y la corrumiación. Los trabajos que han analizado el papel de la claridad emocional y su relación con la depresión, han encontrado que las chicas con baja claridad emocional presentan más riesgo de sufrir depresión. Los resultados hallados y sus implicaciones en futuras líneas de investigación son discutidos.
La adolescencia es una etapa de cambios físicos, sociales, hormonales y emocionales. Durante este periodo aumenta la prevalencia de diversos problemas internalizados, entre ellos la depresión (Costello, Mustillo, Erkanli, Keerler y Angold, 2003; Hankin y Abramson, 2001). Varios estudios han hallado que entre los 12 y los 16 años emergen las diferencias de género en depresión, duplicándose la tasa de prevalencia en el caso de las chicas (Costello et al., 2003; Hankin et al., 1998; Twenge y Nolen-Hoeksema, 2002). Diversos autores han planteado marcos teóricos con los que tratan de explicar cómo diversos factores interaccionan para dar lugar a las diferencias de género en depresión. Los autores coinciden en plantear la presencia de factores de vulnerabilidad que, en interacción con estresores propios de la adolescencia, van a dar lugar a la aparición de la sintomatología depresiva. Entre estos factores se encuentran los eventos negativos, la pubertad, la afectividad negativa o la vulnerabilidad emocional y cognitiva (Cyranowski, Frank, Young y Shear, 2000; Hankin y Abramson, 2001; Hyde, Mezulis, y Abramson, 2008; Nolen-Hoeksema y Girgus, 1994). El objetivo del presente estudio fue realizar una revisión teórica de las variables que se encuentran implicadas en las diferencias de género en depresión en población adolescente. Para ello, se ha realizado una revisión de los modelos citados anteriormente y de los trabajados derivados de ellos. Para favorecer la exposición de los resultados, los factores hallados se han agrupado en diversas categorías. Por un lado, los eventos estresantes, entre los que se destacan el inicio de la pubertad y los estresores diarios y crónicos. Por otro lado, las variables disposicionales, entre las que se encuentran la reactividad al estrés, la intensidad emocional y el estilo cognitivo. Por último, están las estrategias de afrontamiento, entre las que aparecen la regulación emocional, la rumiación, la corrumiación y la regulación el afecto positivo. Otra de las variables que se ha encontrado en la revisión teórica es la inteligencia emocional (IE). La IE está formada, entre otros componentes, por la claridad emocional. Los déficits en claridad emocional se han relacionado con la presencia de síntomas depresivos en la adolescencia (para una revisión ver Resurrección, Salguero y Ruiz-Aranda, 2014). Se analizan las diferencias de género en las variables citadas anteriormente y su relación con la aparición de los síntomas depresivos en la adolescencia. En general, el inicio de la pubertad aparece como un factor que contribuye al desarrollo de los síntomas de depresión, tanto en chicos como en chicas. Los estudios señalan que durante la adolescencia, las chicas experimentan un mayor número de estresores de carácter dependiente. Asimismo, las chicas se muestran más vulnerables a los efectos negativos del estrés. Con respecto a las estrategias de regulación, las chicas hacen un mayor uso de la rumiación y la corrumiación. Los trabajos que han analizado el papel de la claridad emocional y su relación con la depresión, han encontrado que las chicas con baja claridad emocional presentan más riesgo de sufrir depresión. Los resultados hallados y sus implicaciones en futuras líneas de investigación son discutidos.
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