| dc.description.abstract | En las últimas décadas, la academia ha experimentado profundas transformaciones
estructurales asociadas a la expansión de los sistemas de evaluación basados en el
rendimiento y a la progresiva intensificación del trabajo. En la actualidad, se espera
que el profesorado destaque simultáneamente en docencia, investigación, tareas
administrativas, visibilidad internacional, transferencia del conocimiento, rankings y
compromiso externo, a menudo en entornos marcados por la incertidumbre, la
competencia y un apoyo institucional limitado. Estas presiones han contribuido a que
hoy en día los límites entre la vida profesional y personal sean casi imperceptibles, lo
que se ha traducido en una preocupación genuina por la salud mental, la satisfacción
laboral y el bienestar subjetivo en el ámbito académico.
Más allá de su función como organizaciones dedicadas a la generación y transmisión
de conocimiento, las universidades actúan como instituciones públicas con una clara
responsabilidad social en la promoción de condiciones laborales justas, éticas y
sostenibles. Esta responsabilidad no se limita a su misión educativa, sino que se
extiende a la forma en que el trabajo académico es organizado y valorado. En este
sentido, el creciente debate sobre el bienestar en el ámbito académico se alinea
estrechamente con los principios recogidos en la Agenda 2030 para el Desarrollo
Sostenible de las Naciones Unidas. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS),
adoptados como un marco global para fomentar sociedades inclusivas y sostenibles,
reconocen la salud, el bienestar y el trabajo decente como pilares fundamentales del
progreso social. En este marco, el ODS 3 impulsa la salud y el bienestar, y el ODS 8
promueve el trabajo decente, el empleo productivo y el crecimiento inclusivo. En el
ámbito de la educación superior, estos objetivos implican que salvaguardar la salud
mental y la calidad del trabajo del personal académico no constituye únicamente una
cuestión organizativa interna, sino un compromiso social más amplio. Con objeto de traducir en un problema organizativo investigable estas preocupaciones de la sociedad en general y de las instituciones académicas en particular, esta tesis se centra en cómo las condiciones laborales académicas se estructuran como demandas (ej. estrés por el rol, desequilibrio entre el trabajo y la vida personal) y
recursos (ej. control del trabajo, apoyo social) que determinan el bienestar y las
actitudes laborales. El modelo de Demandas y Recursos Laborales (Job Demands–
Resources Model) ofrece un mecanismo parsimonioso para explicar las vías de
tensión y motivación, mientras que la teoría del Ajuste Persona-Organización (PersonOrganization Fit) se centra en el análisis de la compatibilidad, que es particularmente
relevante en contextos impulsados por la vocación, como el académico. La integración
de estas perspectivas nos permite conectar las presiones institucionales (por ejemplo,
la gestión del rendimiento, la precariedad) con las experiencias y los resultados
individuales. Apoyándose en estos dos enfoques teóricos, la tesis adopta perspectivas
analíticas tanto relacionales como configuracionales para captar la complejidad del
presente tópico de investigación. | es |